1 de agosto. En pleno estío. Ya para empezar, la fecha
elegida por Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno de España, para comparecer
ante el Congreso (aunque en la sede del Senado), tiene su miga. Un día perfecto
para trasladar un mensaje político a la ciudadanía. Ciudadanía que, en gran
medida, está disfrutando de las vacaciones o a punto de coger el coche para ir
a la playa. Y parece obvio que bastante harta está ya de la “clase política”
como para comprar un periódico o encender la televisión para ver lo que tiene
que contar el político de turno. Por tanto, insisto, qué mejor que hacer una
estelar aparición por el Parlamento en un día en el que nadie va a encender la
televisión.
Se esperaba mucho de esta comparecencia. Se esperaba que muchas de las preguntas que se hacen los ciudadanos ante un escándalo de corrupción de tal calibre tuvieran respuesta por parte del Presidente. Y Rajoy hizo lo que tenía que hacer, o lo que estaba previsto que hiciera: nada. Y con nada me refiero a los tres elementos que vienen vertebrando su discurso político desde que comenzó la legislatura: la negación de cualquier tipo de acusación, el relato de las maravillas que está haciendo su equipo de Gobierno, y retrotraerse al pasado para elaborar sus argumentos contra la oposición.
El comienzo de la entrevista ya apuntaba maneras cuando el Presidente del Gobierno decía que acudía a la Cámara de ‘motu propio’. Si ignoramos, como ha hecho el Presidente, que el PSOE, tras conocer los famosos SMS intercambiados entre Mariano Rajoy y Luis Bárcenas, pidió la comparecencia del Presidente ante la cámara, bajo amenaza de una moción de censura, o Izquierda Unida, que pedía la inmediata dimisión del Presidente y la convocatoria de elecciones anticipadas, y que gracias a los votos del Grupo Popular se rechazó la petición de comparecencia del Presidente por parte del resto de grupos parlamentarios, entonces Mariano Rajoy tiene toda la razón del mundo.
En su intervención, Mariano Rajoy abogaba por la presunción de inocencia, de la que debe gozar cualquier persona, aun cuando todas las pruebas que se han publicado vayan en su contra. De hecho, el Presidente del Gobierno ha dicho, y cito textualmente: “Esto es una cámara parlamentaria, señorías, no un tribunal”.
Tiene usted toda la razón, señor Presidente, el Congreso de los Diputados es una cámara parlamentaria, que representa la voluntad del pueblo. Es cierto. Una cosa es la responsabilidad judicial, siendo los Tribunales los encargados de comprobar si ésta existe o no. En el campo jurídico, el Presidente del Gobierno todavía no ha sido imputado ni llamado a una vista oral por ningún delito.
Pero existe otra responsabilidad totalmente distinta a la judicial, y esa no es otra que la responsabilidad política. Una responsabilidad que une en un fuerte lazo directamente al político con la ciudadanía entera. Y si esta ciudadanía tiene la mínima sospecha de que el Presidente del Gobierno ha tenido tratos con un evasor fiscal de tal envergadura, que era conocedor de la supuesta contabilidad ‘B’ de su propio partido y, sobre todo, que ha cobrado sobresueldos en negro, entonces esta responsabilidad política se cobra un alto precio que, sin duda, puede costarle el cargo a Mariano Rajoy, que hace ya algún tiempo perdió la legitimidad democrática de la que tanto se jacta, pero ese es otro asunto diferente.
Pero ha habido otro tema, además de éste, que me ha llamado bastante la atención. Lo que voy a contar ahora no es nada nuevo, pero por las circunstancias, este hecho se ve agravado. Me refiero a la falta de respeto mostrada por los diputados del Grupo Popular hacia las intervenciones del resto de grupos, lo cual constituye intrínsecamente una falta de respeto al pueblo que ha elegido a esos diputados, y que representan sus intereses en la cámara, y por ende, una falta de respeto a la democracia. Era curioso ver el “gallinero” que se formaba cuando hablaba, por ejemplo, Joan Baldoví, diputado de Compromís, y eso si había suficientes diputados en la cámara como para hacer ruido, pues había momentos en los que los escaños estaban vacíos. Escaños que no tardaban en llenarse, sin embargo, cuando hablaban el portavoz del Grupo Popular, Alfonso Alonso, o el propio Mariano Rajoy, homenajeados ambos entre aplausos y vítores.
Y por si esto era poco, faltaba la archiconocida técnica del Partido Popular para salir del paso, la ya conocida por todos como la técnica del “y tú más”, consistente en recordar la herencia recibida por el Partido Socialista y los casos de corrupción que éste ha tenido a lo largo de la historia de la democracia española. Sin embargo, es preciso recordar algo importante: esos casos ya fueron juzgados (y en algunos casos, están siendo juzgados hoy día) y muchos políticos del PSOE han sido imputados e, incluso, condenados. La ciudadanía ya está cansada de que tanto uno como otro partido se lancen trapos sucios, y hagan una verdadera lucha contra la corrupción. El “y tú más” hace tiempo que dejó de tener su morbo, y a los españoles ya les cansa el mismo discurso monótono e insustancial. Quieren respuestas y acciones contundentes contra este problema que es considerado como el tercer problema más grave de los españoles, según la última encuesta del CIS.
Hoy Mariano Rajoy, que por si alguien lo olvidaba es el Presidente del Gobierno de España, tenía una oportunidad para contar la verdad, pero ha decidido callar y secuestrar la democracia una vez más, ignorando las peticiones de los distintos grupos parlamentarios. Y es que como diría Enrique Múgica, ex Defensor del Pueblo:
"la democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para resolverlos"
Fin de la cita

Muy buena entrada. Has cumplido mis expectativas de sobra jajajajaja
ResponderEliminarCoincido contigo en prácticamente todo. Lo de ayer fue una puesta en evidencia de la nefasta calidad de la democracia en España, si es que quedaban dudas. Parecía el Senado un Coliseo romano o algo por el estilo en el que cuando sale el contrario tiran tomates y cuando sale el suyo lo vitorean, y las cosas no son así. Por si fuera poco, se pedían, se necesitan respuestas y Rajoy no las dio, así que ya poco más queda que hacer. La legitimidad electoral en la que se escuda hace mucho que dejó de tener validez; ya veríamso qué pasaría si ahora se convocaran elecciones. En fin, que buena reseña política :)